Si pusiese un pie fuera del camino ni siquiera sabía si caería hacia abajo o hacia arriba, ni siquiera sabía si caería.
A cada paso que daba, uno más difícil que el anterior, se fijaba más en los detalles de la puerta a la que se iba aproximando. Desde la lejanía se ve una puerta pequeña, algo ladeada y notablemente dañada por el tiempo, como si no perteneciera a ese camino.
Una mirada hacia atrás y oscuridad, como si no pudiese volver tras sus pasos, no hay arrepentimiento, no hay vuelta atrás, ya no hay razones para girar y caminar. Tras un leve suspiro vuelve a mirar hacia delante y entre decidida e insegura da un paso más.
La puerta, esa puerta casi desecha se torna un poco más grande, un poco menos rota, un poco más conocida.
Paso tras paso creando el camino, un camino sin desviaciones, sin opciones, un camino que eligió hace mucho, un camino que decidió no cambiar ni volver, un camino en el que o avanzas o caes a la nada y ¿quién sabe hacia dónde puedes caer si caes en la oscuridad?
Al principio inseguridad, paso tras paso el peso del aire aumenta pero por ello la fuerza crece y es que a cada paso la puerta que creía desconocida va creciendo ante si y aunque aún no la ha alcanzado, aunque pueda ver que aún queda mucho camino por recorrer sabe que no va a volver sobre sus pasos, no se lo puede permitir, no puede permitirse miedos.
Es su camino, fue su decisión.
Toca seguir avanzando.
Toca seguir luchando.
Toca crear tu camino.
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