El nerviosismo se adueña de mi cuerpo, la noche cae y todos mis pensamientos se estrellan contra mi frente. La decepción aparece en mis recuerdos y mis manos apenas saben moverse con normalidad. Palabras mal escritas que nunca recibieron respuestas y silencios eternos que nunca conseguiré entender.
Mi mente se vuelve a bloquear una vez tras otra y sus lágrimas vuelven a mi como un mal recuerdo, las de ella.
Quiero respirar, quiero que mi corazón deje de doler y que mi cuerpo deje de llamarle.
Mi vista perdida ante la oscuridad busca un punto de apoyo, un punto en el que parar y observar, donde pueda sentir como todo se tranquiliza a mi al rededor. Quisiera poder dejar de sentir lo que mi mente no puede comprender - imposible.
Quisiera volver a aquella calle de piedra donde podía ver de lejos mi casa, donde la gente paseaba sonriente y el frío lo inundaba todo. Mis límites no consiguen recordar mucho más y dejo que mis manos bailen libres sobre las letras. Quiero poder recordar pero el miedo me lo impide.
El tejado gris contrastando con el cielo despejado, las flores blancas y rojas, la gran puerta, los caballos, la mesa de madera y aquel cuaderno maltratado por el tiempo, tinta, plumas y yo.
Mis manos siguen libres, ahora solo queda el resto del cuerpo. Aparece la sonrisa levemente y me doy cuenta de que queda menos para poder ser yo. Cierro los ojos y todo se va lejos, muy lejos.
Escribo y escribo sin pensar. Esta es mi mente.
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