14 de marzo de 2013

Letra pequeña.

Hay muchas cosas de mi que quiero cambiar, cosas que a veces vuelven a pillarme por sorpresa, cosas con las que aún no sé lidiar.

Es fácil centrarse en los problemas de los demás, escucharles, fijarme en sus ojos, sus gestos y saber qué sienten y qué piensan antes de que lo digan. Es relajante buscar esas palabras que le aliviarán, o esas que le hagan ver algo que se les había pasado, ayudarles a ver cada ángulo de la cuestión.
Es fácil porque me olvido de mi, de mi vida y de mis problemas, es fácil porque así sé con certeza que alguien al final del día es feliz, porque sé que esa noche ese alguien dormirá tranquilo y si he ayudado en eso, esa noche yo también estaré tranquila , por lo que ¿Desde qué punto lo que me gusta hacer es por mi y desde dónde lo hago por los demás? Todos buscamos nuestra felicidad, todos somos egoístas de una forma u otra, tenemos que serlo. Si no miramos por nosotros ¿Quién lo hará?
Sí, soy feliz haciendo feliz a los demás, pero llegados a este punto en el que mi felicidad depende de la de los demás siempre aparece la misma pregunta ¿Realmente soy feliz o no es más que una ilusión? ¿Un reflejo quizás?

En estos días he vuelto a sentir pesado mi pecho y eso me ha hecho pensar. Llevaba mucho tiempo viviendo una falsa muy bien creada, un montaje casi perfecto en el que todo iba bien, en el que cuando algo no cuadraba con la felicidad de un guión cuidadosamente creado era apartado, triturado, quemado y amontonado.

Sí, hay muchas cosas de mi que no estaría mal cambiar pero en este último tiempo he aprendido que siempre habrá algo más.

No hay comentarios: