Aún puedo verle, aún lo siento, puedo ver esa piel blanca y suave sosteniendo aquella pluma, aún puedo escuchar el sonido que hacía sobre el papel. El escritorio estaba frente a la ventana para de día ver a la gente pasar y de noche para apreciar el cielo, creo que justo enfrente había una fuente en la que podría haber pasado horas ensimismada.
Siento la moqueta roja bajo mis pies y el tacto de la tela de los cojines de la cama. Casi puedo recordarlos entrando en la habitación y sus voces están en mi mente como un murmullo lejano.
Adoraría poder abrir esta puerta.
-Tan sólo es un desvarío sobre una larga historia que ya tuvo un final no tan feliz.
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