Con la mirada clavada en la pared de mi oscura habitación no puedo llegar a razonar absolutamente nada, mi mente vuela a recuerdos que nunca ocurrieron, pensando en personas que nunca conocí, y me pierdo, y me vuelvo a perder sin poder llegar a salir de este círculo de miradas esquivadas.
Encogida en mi cama cierro los ojos bien fuerte intentando dormir, intentando no pensar, pero su presencia me obliga a volverlos a abrir. Sé que está conmigo, sé que está en alguna parte escondido tras cualquier sombra. Él me obliga a seguir presente, a no poder apartar la mirada de esa pared que me transporta lejos sin ir a ninguna parte.
Una mirada perdida en la noche, pérdida de la noción del tiempo y el espacio, aturdimiento y él.
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